A mi amor-Ramón Rojas Morel
No teman a la Bestia-Carlos López DAzur

Te -MORUS

En el aire que agita mi cabello
en el fuego que arde dentro de mi
cuando recorro tu travesía en mi cuerpo
en el aroma del incienso que sabe a deseo
en mis labios que desesperan por tus besos.
Te observo…
En ese horizonte que matiza mi mirada
en esta madruga en que tu imagen me acompaña
en mis manos que inventan mil caricias
entre mis letras que aletean tu mirada.
Te tengo
Te llevo,
En cuerpo y alma.
Primavera-otoño/Yossi May

La libertad de elegir
La libertad de decir
La libertad de callar
La libertad de observar
Hay dias que son distintos a otros
el dia del cumpleaños,
de la madre o incluso del padre.
Los dias que cambian las estaciones son de esos
Pues las estaciones tambien representan libertad
En el globo redondo
La primavera para algunos
No es mas que el otoño para otros
Pero todos pasaremos del uno al otro
Una y otra vez
En estos dias, entrando al otoño
Me sorprendo de la novedad
Que paralelamente siento, huelo y veo
Las flores de la primavera
No importa- Magdalena
No importa que hayas abierto los ojos y de repente te encuentres en esta estación manida de tantas veces transitada o que por el contrario sea completamente nueva, con esa sensación de estar al borde del abismo frente a lo desconocido. Da igual porque de nuevo tendrás que andar el camino, elegir en la siguiente bifurcación, volver a decidir qué es lo mejor y acertar o equivocarte de nuevo, una y otra vez. Y como siempre, como ha ocurrido desde tiempos inmemoriales tu única compañera será tu soledad. A pesar de las voces que te rodean, de las caras amigas, de ésos que te cogen de la mano y parecen guiarte, sólo tú tomarás la decisión y elegirás la senda a seguir, hacia dónde caminar.
No importa si yerras, si el calor del hogar es sólo un recuerdo y lo que ahora encuentras es sólo la lluvia resbalando por tu cara, los cuerpos de paso, las charlas para matar el tiempo demasiado largo. Lo esencial es seguir caminando, porque a veces la luna nos sonríe desde el cielo y en algún lugar de ese largo deambular encuentras un refugio, y un ser tan vagabundo como tú con el que compartir algún brebaje mágico que te hace adormecer los sentidos, y quien sabe, si tienes suerte incluso volver a soñar.
No importa, nada importa.
Breve breve cada día-Julia del Prado

Por si fuera posible-Long-Ohni

Dichoso-Santoamor
Penumbras-Amparo Carranza Vélez

s/t-Carlos Alberto Roldán
è imparare come danzare nella pioggia."
Vivir no es prestar atención a que la tempestad pase
sino preparar la danza en la lluvia.

Cuando empezó el viento me pregunté si estábamos todos en casa.
Repetí nuestros nombres, uno a uno, y acaso por el torbellino y el estruendo
no advertí que algunos nombres ya faltaban.
Las horas se sumaron y yo en letanía temerosa
había reemplazado los rezos por la lista circular de quienes quería.
Digamos que fue cuando el viento abatía los árboles afuera
y la puerta ya estaba a punto de romperse
que en el oscuro no advertí las faltas.
Horas y horas con el pulso en alto
y la voz cada vez más insegura rodeando los nombres
y otro y otro faltaban acaso yo mismo tampoco estuviera.
Una voz reza nuestros nombres sin rito.
Nadie impedirá que dancemos.
En Cualquier hora-Fernando Luis Pérez Poza

Ninguna de mis células se atribuye el porvenir. Esto es lo que afirma el fondo plano, inmutable, de la máscara por cuyos agujeros nos contempla el infinito. La simetría exacta de la silueta y su sombra realzadas con pedrería blanca y negra de tapiz o lienzo de mortaja.
En la cúspide del triángulo la gravedad taladra el abismo. Es la mirada de un yo que enuncia la trascendencia, venida desde más allá del sufrimiento, la pupila que regresa del vacío repleta de luz gris.
Tengo Miedo-Leonor Rodriguez

"Cristo de las Cadenas"
¿ qué te pasó madre
que me has dejado en ella.
No vilví a ver tu rostro
ni me acuerdo como eras
pero seguro que fuiste
la flor más bella;
la flor que en mi pensamiento
aparece en sueños
como blanca azucena:
Pálida como la Luna
talle alto, cuello cisne
Ojos negros
como moras maduras
Melena ondulante
suelta al viento
de un azul que admira la noche
Noche larga, noche de anhelos
que me domina en este recuerdo
recuerdo del día a día
cuando cansada me acuesto.
¿ Donde estás madre?
¡ Cuanto te echo de menos !
Ya soy adolescente
necesito tus consejos
¡ Los luceros de la noche
me vienen persiguiendo!
¡ Tengo miedo, madre!
¡tengo miedo!
envuélveme en tus brazos
llévame contigo
aunque sea al infierno, madre
¡ tengo miedo !
Detrás de estos ojos-Fanny Jaretón

Una gata que soñó ser Cleopatra
engarzada en la piedra del Misterio.
Una ecuación perfecta
entre tu ardor y mi hambre.
Un tropezón que cualquiera da
estremecido en la fiebre del otro
el desboque del otro
la irracionalidad en el espejismo del temblor.
Detrás de estos ojos que no te quieren ver
se eleva el polvo de la infancia que envuelve
a la caprichosa gemidora, en el pedido incestuoso:
<
Miedos y deseos rompiendo el muro de los ojos
que no son los míos ni los tuyos;
porosos que confluyen en la visión imaginaria:
Ojos de ternura que dar, ojos mordiéndonos la piel
lamiendo piadosos la soledad, ojos malditos que apuñalan
al gemido para matar todo síntoma de placer y dolor
tras el dolor del placer, ojos sedientos de lujuria
saciados con el vino de tu boca; resueltos
que se abisman a saltar y a meterse en el centro del centro
de tu llama, como una hipnosis en ese estado de dirección:
Eres mío, eres mío.
Ojos de Viernes, santificando la paz que nos llegará
cuando todo lo demás se haga olvido.
Ojos tartamudos sin poder nombrarte completo
porque la luz donde ese hombre que sos, está
me lleva al hormigueo de la sangre, a la expulsión
del espíritu del pájaro, al miedo de desear lo que no pueda tener
cada noche consecuente con mi incontinencia de vos.
Ojos atados al capricho tuyo,
a lo que me pidas sin pertenecerme, al nicho del silencio,
al bosque cuando el lobo está y sin embargo no está.
Ojos desdoblados en la borra del café que quieren adivinarte
en lo oscuro, en la obsidiana, en la ronda de la locura.
Ojos sonambulistas que van derecho hacia vos precipitándose.
Ojos cohibidos de derecha a izquierda, porque al revés se animan a todo,
al idioma sagrado, el de lo oculto; por pertenecernos.
Ojos de sernos en el cepo del para siempre sin que nadie lo sepa
aunque todos lo sepan porque no se puede ocultar lo que Es.
Ojos de amor, devanándose en la hebra del amor,
zarpa y celo rompiendo el deslumbramiento
penetrándonos en el grito abrasador
con la intempestuosa voz decisiva.
Texto sin título-Susana Santamarina

me estremezco y escupo
la noche que vendrá
(tregua de luz del sol sobre la tierra)
la valija de la piel
el mapa de las venas
miran flores blancas
la fiebre vuelve dulce los ojos
y despoja de adornos
esta insulsa curiosidad
que atraviesa el vidrio movedizo
debo arrojar la última astilla
los tirones violentos
elegir una vereda cualquiera
con vaho húmedo
no mirar la hendidura del muro
Ya las cinco cuarenta-Carlos Alberto Roldán

ya las cinco cuarenta
y el sol que debía haber salido
perdido su horizonte de rojo y estremecimiento
se ahoga en un pozo nocturno
clamando por sed y agua
por tanta cosa que uno no le entiende
vaya saber qué es eso del querer los soles
y las estrellas mismas qué de su querer si algo
por mínimo o grandote quisieran
y qué por fin de mí
cinco cuarenta y uno en vilo
por el sol el sol y su horizonte todo
un día por venir quizá grandote
puro vísperas abrumado
cinco cuarentidós
la noche sigue
Una Mujer-Norma Padra
Para Impregnarte de mi-Erika Martinez Rodriguez
Rosa Blanca-Carolina González Velásquez

Me embarga la tristeza
y la guardo en mi maleta.
Con el equipaje listo
no soy mas que un viajero
con prisa por partir.
Dejo atrás
el vacío
la desdicha
y la sensación amarga
de no pertenecer
no importara mi ausencia
sólo soy un numero más…
No hay más que decir
no habrá despedidas
nadie sabrá que me he ido
tan sólo quiero ver tus ojos
para que su luz
ilumine mis últimos caminos.
No me preguntes donde voy
Abrázame, dime que me amas
me marcho y no habrá regreso
cuando llegue a mi destino has de saberlo
y sólo entonces
y cada vez que me extrañes
podrás buscarme
tan sólo concédeme la gracia
que en cada una de tus visitas
cuando me perdones
me lleves una rosa blanca
Dichos y disparates-Wolfgang Ratz
EL CUENQUITO DE LECHE- MANOLO CUBERO

En su corta vida, Benjamín no recordaba una noche tan bella y cruda como aquella.
"Si mi madre estuviese conmigo", pensaba…
Era un recuerdo perdido entre los pliegues del tiempo pasado. Hacía un año que su madre se marchó al cielo. Su padre, pastor como él, perdió la vida, meses después, defendiendo el rebaño contra unos ladrones que lo atacaron de noche y destruyeron los dos tesoros que le quedaban: su padre y el sueño de poder convertir aquella punta de animales en un hermoso rebaño.
Acompañado de su perro pastor, Benjamín, sólo y sin medios de subsistencia, se dedicó a lo único que podía hacer: vivir de la caridad ajena. Un portal, cercano al templo de Jerusalén, acogía su cuerpecillo en las eternas y solitarias noches hasta que un día lo encontró Lázaro, un antiguo conocido de su padre. Éste sintió piedad de él y lo acogió en su casa.
Así fue como nuestro amiguito encontró un modesto cobijo, un poco de comida y algo de ropa con que abrigar su cuerpo. Benjamín, que había vivido humildemente desde pequeño, no pedía más. Sabiendo que en aquel hogar había un rinconcito para él, se sentía tan feliz que sólo añoraba los besos de su madre. Alguna vez, sentado a la sombra de un sicomoro, revivía la cálida mano del padre apoyada en su hombro mientras contemplaban su ganado pastar bajo el radiante sol de Judea.
Aquella noche, el frío, que penetraba en lo más hondo de su cuerpecito, caló hasta los rotos huesos de su pierna. Desvelado por el dolor, recordaba el día en que cayó desde la rama de un almendro al que había subido a coger algunas almendras para un primito que había ido de visita a casa. Desde entonces, padecía una leve cojera que se hacía más patente cuando el frío arreciaba. Ensimismado en estos pensamientos, su mirada se perdía entre las gélidas estrellas que, desde el firmamento, vigilaban su descanso. Entonces, una de ellas comenzó a cantar para el niño la más maravillosa melodía que jamás había oído.
Se irguió un momento asombrado por aquel extraño fenómeno. Creyendo que soñaba, se frotó los ojos y, sin prestarle más atención, se arrebujó en la manta intentando olvidar las molestias de su pierna.
La Luna era una gran bandeja de plata que recorría lentamente su camino acompañada por las mínimas estrellitas que se arrastraban sobre las praderas. Mientras el viento soplaba suave y delicadamente sobre los arbustos que picoteaban la pradera, la misteriosa melodía seguía llegando con sus cadenciosos sones desde los rincones más ocultos.
De nuevo Benjamín volvió a incorporarse. Subyugado por aquellos cadenciosos sonidos comprendió que algo extraordinario estaba sucediendo. Se levantó lentamente y su mirada se perdió muy lejos, allí donde la Luna comenzaba a esconderse tras la línea del horizonte. En aquel momento, la noche se iluminó gracias a una estrella que, acentuando su brillo, dejó escapar tras de sí una hermosa cola multicolor. Instantes después, la estrella se posó sobre una humilde casita apenas dibujada en la distancia.
Atraídas por tan extraño fenómeno, las ovejas emprendieron alocada carrera en pos de aquella luz que rompía la noche en mil colores. Intrigado, el muchacho ordenó al perro reunir al ganado y, desafiando al frío de la noche, emprendieron una alegre marcha hacia el lugar indicado por la estrella.
Comenzó a clarear el día. La estrella continuaba inmóvil. Bajo ella, un establo tenuemente iluminado atraía con una fuerza irresistible a su ganado. Cuando se acercaron, el muchacho observó cómo una mula y un buey, abrigando la entrada, parecían proteger el establo del frío que reinaba en el exterior. Dentro se encontraba una joven que, acompañada de su esposo, acunaba a un niño recién nacido.
Benjamín se acercó a ellos. Detuvo su mirada en el plácido rostro del niñito, luego se aproximó al fuego y vio que allí reposaba una olla vacía. En silencio, fue hasta una de las ovejas que acababa de parir, la ordeñó llenando un cuenco de leche, se acercó a la mamá del niño y, delicadamente, lo depositó en sus manos:
-Es para el niño. Tendrá hambre ¿verdad?
Por toda respuesta, la señora depositó un dulce beso en el rostro de Benjamín.
Aquel beso tenía tanto sabor a madre, que Benjamín se sintió el niño más feliz de la tierra. Momentos después, el niño reunió de nuevo el rebaño y emprendió la vuelta hacia sus pastos. Era tal la alegría que inundaba su corazón que el regreso se hizo cortísimo. Perro, ovejas y pastor, corrían y saltaban llenos de felicidad. Poco antes de llegar a casa encontraron a Lázaro que, preocupado por la tardanza del niño, había salido a su encuentro. El amo lo miró fijamente y, abrazándolo, preguntó:
-¿Qué te ha pasado en la pierna? Ya no cojeas...